El Trastorno Negativista Desafiante (TND) surge por lo general entre los 4 y los 8 años de edad, y se considera como un patrón recurrente de conducta negativista, desafiante, desobediente y hostil, dirigido a padres y a las figuras de autoridad, su prevalencia en la población oscila entre un 2 y un 16%, como comorbilidad encontramos principalmente el Trastorno de Conducta y el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad.
 
Determinados autores (Ortiz y col, 2008) consideran que a la hora de manejarse con niños con TND el modelo conductual (basado en el trabajo con contingencias: refuerzo, castigo…) no suele aportar resultados demasiado positivos puesto que el problema no es un desconocimiento del niño sobre quién manda o cuál es la buena y la mala conducta. No obstante sí suele dar resultados el establecimiento de límites claros y normas, así como llevar a cabo de forma adecuada el uso del castigo y del reforzamiento. Barkley (1997), propone en su programa “Niño desafiante” el tener en cuenta los siguientes aspectos:

  1. Las consecuencias deben ser inmediatas.
  2. No se debe de esperar que repita una mala conducta para dar una respuesta.
  3. Se debe atender a las conductas positivas para dar un refuerzo inmediato.
  4. Cuanto más inmediata sea la consecuencia de una conducta, más eficacia tendrá como intervención que favorece el control.
  5. Las consecuencias deben ser específicas.
  6. Tanto el premio como el castigo deben estar dirigidos a una conducta específica, nunca a aspectos generales.
  7. El castigo debe ser proporcionado a la transgresión, no al grado de impaciencia o frustración que haya generado en los padres.
  8. Las consecuencias deben ser constantes.
  9. Independientemente del entorno, la consecuencia debe ser la misma.
  10. Si una conducta se ha considerado intolerable un día, también debe recibir la misma consideración otro día.
  11. Tanto el padre como la madre deben dar la misma respuesta.
  12. Se aconseja establecer un programa de incentivos antes de utilizar los castigos.
  13. Planificar previamente la actuación ante posibles malas conductas.
  14. Anticipar, analizar y, si es posible, prevenir.
  15. Reconocer y aceptar que las interacciones dentro de la familia son recíprocas. La conducta de los padres está muy influenciada por la conducta del niño y viceversa.
  16. Por último, resulta poco productivo atribuir culpas.

Psicologos especialistas en terapia infantil y de adultos
Levy y O´Hanlon (2001), proponen cinco reglas a tener en cuenta cuando los padres se enfrentan a una situación de conflicto con sus hijos:

  1. Si desea detener una discusión… “cállese”.
  2. No discuta, busque frases terminales…”ya entendí”, “así podría ser”.
  3. Evite molestarse, así reforzaría al niño.
  4. Ofrezca alternativas de conducta.
  5. Evite comentarios del tipo: “ya te lo advertí…Posiblemente esa sea la razón por la cual el niño llevó a cabo el comportamiento.

Es importante si se tiene sospecha que nuestro hijo o alumno presenta comportamientos negativistas, y dichos comportamientos traen consigo graves consecuencias para su desarrollo, que se consulte a un especialista para que evalúe y determine un plan de actuación, en el TND como en otros trastornos la intervención temprana trae consigo un mejor pronóstico.
Saludos,
Maite
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