La ansiedad existe en las personas desde siempre, antiguamente se le llamaba miedo a todo y el sentirlo básicamente lo que hacía era preparar a las personas para prepararse ante las situaciones amenazantes. Hoy en día se le da el nombre de ansiedad a la sensación de miedo intensa que produce mucho malestar, llegando a incapacitar a la persona en su día a día.

¿Cómo se ha llegado a involucionar desde el concepto de ansiedad adaptativa o ansiedad desadaptativa? La respuesta a esta pregunta la tiene la complicada vida actual, en la que se vive pensando en el futuro y en el pasado, lo cual es el caldo de cultivo de la ansiedad.

Existen y han existido siempre personalidades que presentan unos niveles de ansiedad muy elevados, tanto ansiedad física como psicológica. Estos niveles en algunas personas pueden tener un componente genético importante y en otros de tipo social. Suelen ser personas que se asocian con psicopatología de algún tipo. A estas personas les es más complicado, aunque no imposible, gestionar la ansiedad mediante la discusión cognitiva consigo misma, y suelen estar más vinculados a tratamientos psiquiátricos. Todo dependerá de cómo esa persona a lo largo de su relación con la ansiedad haya aprendido a gestionarla.

La ansiedad no deja de ser algo molesto, cuyos síntomas son, entre otros:

  • Sensación de nerviosismo, agitación o tensión.
  • Sensación de peligro inminente, pánico o catástrofe.
  • Aumento del ritmo cardíaco.
  • Respiración acelerada (hiperventilación)
  • Sudoración.
  • Temblores.
  • Sensación de debilidad o cansancio.
  • Problemas para concentrarse o para pensar en otra cosa que no sea la preocupación actual.

No obstante, la presencia de ansiedad es información al respecto de cómo se está desarrollando la vida de la persona en el momento presente. Al estar este malestar asociado a algo negativo la persona no suele sentarse a pensar en qué debería cambiar y por qué está la ansiedad en su vida.

La persona que presenta ansiedad debería poder hacerse las siguientes preguntas:

  1. Qué cambios han ocurrido recientemente en mi vida.
  2. Cómo me están afectando.
  3. Puedo hacer algo para cambiarlo.

Estas simples preguntas pueden conectar a la persona que siente esta sensación a su presente y pueden ayudarla a orientarse y comprometerse con el cambio. Desde este punto de vista la ansiedad es un aliado porque hace que las personas puedan tomar conciencia de qué es lo que tienen que cambiar y cómo hacerlo. De no aparecer no se tendría esa información y por tanto no se cambiaría.

En caso de que con vuestros análisis no lleguéis a estabilizarse con la ansiedad estaremos encantados de poder ayudarles en nuestro despacho de Torrevieja y Cartagena, también pueden contactar a través de nuestra web: www.psicologosbonnet.es

Saludos,

Héctor Peraza Díaz