El siguiente ejemplo demuestra una forma más adecuada de trabajar la frustración. Se describe a un chico que es rechazado en una entrevista de trabajo y cómo su padre interpreta o valora lo sucedido.

David ha sido entrevistado para un trabajo de verano pero ha sido rechazado. Regresa a casa desilusionado y deprimido. El padre sintió compasión por su hijo y demostró su sentimiento eficientemente:
Padre: ¿Realmente querías ese trabajo, verdad?
David: Ya lo creo.
Padre: Y fuiste bien preparado, además.
David: Así es. ¡Me da una rabia!
Padre: ¡Qué desilusión!
David: Imagínate.
Padre: Desear un trabajo y que se te vaya de las manos justo cuando más lo necesitas es duro.
David: Sí, lo sé.
Se produjo un silencio durante un momento. Luego David dijo: “No es el fin del mundo. Conseguiré otro trabajo”.
 
ANALISIS:
Probablemente al mismo tiempo que el chico se siente desorientado y deprimido, se resiste al sentimiento de desilusión y depresión, pone en tensión su cuerpo para protegerlo y para negar sus emociones. Al reconocer que es lógico lo que siente, al mencionar el sentimiento y comunicar su benévola aceptación y respeto, el padre, de hecho, permite al muchacho experimentar completamente sus emociones y aceptarlas e integrarlas a su conciencia.

No se siente mejor el chico porque recibe comprensión, se siente mejor porque sus sentimientos no permanecen atrapados dentro de él. Logra asimilar la experiencia dolorosa y puede llegar más allá, su sentido natural y saludable de la realidad puede entonces reafirmarse.
La mayoría de los padres no reaccionan como el padre de David, por el contrario, lo que suelen hacer es prolongar y agravar la depresión, los siete ejemplos más comunes de respuestas son:

  • ¿Qué pretendías? ¿Conseguir el primer trabajo que quisieras? La vida no es así. Es posible que tengas que pasar cinco o diez entrevistas antes de que te contraten.
  • Roma no se construyó en dos días ¿sabes? Eres muy joven aún y tienes una vida por delante. De modo que arriba el ánimo. Sonríe y el mundo te sonreirá. Llora y llorarás solo.
  • Cuando tenía tu edad salí en busca de trabajo, me limpié los zapatos, me corté el pelo, me puse ropa limpia, sabía qué hacer para dar buena impresión.
  • No veo por qué te sientes tan deprimido. No hay razón que justifique que te sientas deprimido, un trabajo frustrado no es para tanto.
  • El problema contigo es que no sabes dirigirte a la gente, te falta aplomo, eres muy atolondrado.
  • Lo lamento tanto querido, no sé qué decirte. En la vida es tan importante la suerte, el enchufe…
  • Por algo las cosas salieron así, si te pierdes un oportunidad pronto vendrá otra mejor…

 
Todas estas respuestas tienen en común que animan al chico a negar y reprimir sus sentimientos, transmiten falta de confianza en la capacidad del muchacho para lograr una perspectiva saludable y equilibrada de su experiencia y hacen invisible el sentimiento del individuo.
 
Para más información se puede leer el libro de Haim Ginott – Between Parent and Child. New York, Macmillan, 1965.
 
Saludos,
Héctor Peraza Díaz
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