Más de uno a lo largo de la vida se habrá sentido injustamente
tratado y por tanto con rabia por el comportamiento de alguien. Suele suceder
que la persona dañada se queda afectada por el hecho vivido y al recordarlo
sólo piensa mal con relación a lo acontecido, sin darse cuenta del daño que
esto le está haciendo a su vida actual. El perdón es el proceso mediante el
cual la persona “pasa página de ese mal trago” y renueva sus fuerzas y energía
centrándose en lo que realmente le importa.

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¿Cómo podemos llevar a cabo el perdón?

  1. Lo primero que debemos de hacer es reconocer las emociones asociadas al hecho de haber sufrido un daño, reconocer la rabia, la tristeza y la frustración que experimentamos. Esto se debe hacer de la forma más racional posible, de esta manera tomaremos distancia emocional del hecho acontecido. También es
    importante elaborar una lista de las posibles causas y circunstancias que han motivado a la otra persona a causarnos daño, esto nos dará las bases para establecer una cierta empatía con el otro del por qué llevó a cabo dicho comportamiento.
  2. Posteriormente resulta positivo entender el proceso de perdón como el mejor camino a seguir. La siguiente metáfora del anzuelo que sugiere Steven Hayes nos puede ayudar: “quien nos ha hecho daño nos ha clavado en un anzuelo que nos atraviesa las entrañas haciéndonos sentir un gran dolor. Queremos darle lo que se merece, tenemos ganas de hacerle sentir lo mismo y meterle a él en el mismo anzuelo, en un acto de justicia, que sufra lo mismo que nosotros. Si nos esforzamos en clavarle a él en el anzuelo, lo haremos
    teniendo muy presente el daño que nos ha hecho y cómo duele estar en el anzuelo donde él nos ha metido. Mientras lo metemos, o lo intentamos, nos quedaremos dentro del anzuelo. Si consiguiéramos meterle en el anzuelo, lo tendríamos entre nosotros y la punta, por lo que para salir nosotros tendremos que sacarle
    a él antes
    ”.
  3. En esta fase es el momento de aceptar los sentimientos de odio, rabia, mal humor que se tengan hacia la persona que nos ha causado daño. Como el perdón es considerado como un comportamiento en sí, el problema no está en tener esos sentimientos y emociones sino en actuar dejándose uno llevar por
    ellos. Si se ha elegido la opción del perdón, para llevarlo a cabo es preciso aceptar, en el sentido expuesto, los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones. La aceptación es un proceso que finalmente lleva al cambio; pero hay que tener en cuenta que su objetivo no es la extinción del sufrimiento, sino el compromiso
    con los valores y el fortalecimiento de la acción comprometida con ellos (véase por ejemplo, García Higuera, 2007).
  4. Por último, debemos de trazarnos objetivos y metas para auto-protegernos para no volver a sufrir  o pasar por lo mismo. De esta maneras evitaremos que la situación se vuelva a repetir en un futuro.

Saludos,

Héctor

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