Muchos padres una vez que sus hijos son diagnosticados de padecer un trastorno por Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDA-H) se ven inmersos en una situación de desinformación por una parte y de no saber qué camino tomar si permitir que sus hijos se mediquen (a expensas de los efectos secundarios añadidos) o no hacerlo.

Cuando hablamos de la paradoja de la hiperactividad se hace referencia a que la misma es tratada con estimulantes, el más frecuente utilizado es el Metilfenidato (más conocido como Ritalín o Rubifen).
Esta paradoja consiste en tener que estimular a niños que tiene un comportamiento de sobreactivación. Esto está basado en la hipótesis de la hipoactivación. En estudios llevados a cabo se ha observado que los niños diagnósticados de presentar TDA-H presentaban en reposo conductancias de la piel o respuestas de orientación menores que los niños normales. Esto es interpretado en el sentido de que los niños tenían una activación baja y un control inhibitorio insuficiente sobre el flujo motor y el input sensorial. Por tanto, se consideró la hiperactividad como un fallo directo del control inhibitorio, estos niños se reaniman con conductas hiperactivas más o menos igual que las personas cuando están somnolientas y se pellizcan para mantenerse despiertas. Por lo que los fármacos estimulantes son un medio de aumentar la activación a niveles más normales.
En el caso concreto de la hiperactividad se ha demostrado que es efectivo el tratamiento farmacológico en el 80% de los casos. Cuando la psicoterapia no de frutos o sean muy evidentes las muestras de deterioro en el comportamiento del niño será necesario incluir la terapia farmacológica.
En vosotros está la decisión de medicar o no a vuestros hijos, desde mi punto de visto recomiendo la terapia farmacológica conjuntamente con la terapia psicológica en la mayoría de las ocasiones tanto en adultos como en niños diagnosticados de TDA-H.
Saludos,
Héctor Peraza Díaz
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